Así es la vida.
Primero ; convencido de lo que tienes que hacer, porque hay que hacerlo, porque es lo correcto, lo que te conviene, porque te hacen creer que es así, no hay otro camino.
No importa lo que sientes, si te sales de lo establecido no estarás completo, serás marcado por no seguir las normas, rechazado.
Qué miedo y que fea esa palabra horrible: RECHAZO.
El rechazo te aterra , te hace agachar la cabeza y hacerte muy pequeño, tan pequeño que ya ni puedes sentir, sólo imaginar levemente lo que será de tu vida enfrascada.
Intentas entonces, en un momento de lucidez, fuerza interior, decisión ... ir superando barreras y etapas, las que te imponen otros y tú mismo. Tus miedos y retos... tus complejos, conseguir esa ansiada aceptación de esos lobos que te dicen lo que está bien , lo que es bonito y estético. Conseguir que te quieran, esa palmadita en el hombro que nos hace sentirnos tan importantes.. y babear como el perro que trae las zapatillas a su amo y en sus ojos brilla infinita dicha.
Avanzas, sí, claro que avanzas, y aprendes a base de cambiar lo que a los demás no les gusta de tí, pintarte un ser nuevo que lucirás en esta sociedad tan llena de caras sonrientes , apretando los dientes mostrando toda su hipocresía disfrazada de buenas palabras y miradas inquisitivas incapaces de disimular.
Pero un día sí llega ese momento donde estás en calma , tu momento; satisfecho con lo que has hecho,conseguido ... o por lo menos conforme con lo que tienes , convencido de que esos objetivos que te marcan están por lo menos en parte conseguidos , ya eres lo que quieren que seas...
En paz .
Te auto convences , tal vez, algunos de tus propósitos eran demasiado inalcanzables y te das cuenta de que puedes vivir con pocos de tus errores... sí, es eso, yo no soy débil, simplemente apunté demasiado arriba, pero me siento... BIEN.
Entonces el desengaño te espera y te rompe la boca en la próxima esquina que tuerces, hundiendo ese espejismo al que tu llamabas ilusamente : Felicidad.
Ocurre siempre, una y otra vez la misma historia, los mismos errores, esa misma piedra oculta que te hace tropezar mil veces en tu camino, los mismos miedos vuelven a morderte con saña. Vuelves a ser una víctima ante el próximo fracaso, ante ese sentimiento de que eres la mínima expresión de lo que podías ser.Tan infinitamente imperfecto.
Y tú, débil presa , otra vez pequeño y mermado ... vuelves a preguntarte porqué...
¿Qué queréis de mí? ¿Cómo debo ser?
Interesante, tiene fuerza, la fuerza de lo que escribe uno mismo. A lo mejor debiste esperar media hora antes de escribir, te echaste encima del teclado jaja. Me recuerda a alguno de los textos que escribí yo mismo hace unos años. Impulsivo.
ResponderEliminar