Ante el café frío y los labios calientes , la nostalgia le vuelve a brotar , como un cardenal que no se explica ni cómo ni cuando ha aparecido y descubres cuando sientes el dolor.
Una lluvia cálida de recuerdos neblinosos le cae encima , hasta el punto de flotar entre ellos, embriagada de esa anestesia que le reporta la buena memoria. Donde todo lo pasado parece primavera , llena de ricos olores y aires frescos.
Cada letra , cada mirada , cada erizador susurro , cada sentimiento resurgen de la nada del libre albedrío de recuerdos.
Pero , como siempre, descubre angustiada, brillante, esa cuchilla de doble filo que es rememorar cosas que te hicieron feliz un tiempo.
La claridad de la caída libre hacia el presente se le hace fatal e inevitable. Rápida e insoportablemente cruel.
Entonces se refugia en el consuelo de ese daño que reside en cualquier pasado.
El que le hace conformarse a no suplicar que todo vuelva a ser como nunca debió ser .
Aunque su corazón rebelde , hinchado de pasión se empeñe en hacerle pensar que repetiría esos errores una y otra vez , en un círculo vicioso perfecto y apetecible.
Ella sigue pensando en tercera persona , mientras aparta el café y escribe la lista de la compra.
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