Era tan real...
En la noche escuchaba canto de canarios en mi terraza, yo extrañada, descorría los visillos sin abrir la ventana.
Mi terraza estaba sucia y descuidada, llena de moho, tiestos tirados y humedades. Hacía mucho que no le dedicaba mi tiempo...
Horrorizaba comprobaba que justo al lado de donde abría el cierro estaban anidando abejas, que se agitaban enfurecidas con mi presencia.
Sería imposible salir ahí sin que me atacaran.
Pero tenía que hacerlo.
En la otra esquina, mi canario; sin agua ni comida, cantaba asediado por un grupo de abejas.
Como pude estiré la mano y lo metí bruscamente al salón.
Mi canario débil y moribundo en el fondo de la jaula me dijo:
-Siento no haber sido un buen canario, podía haberte cantado más... perdóname.
-Fuiste el mejor canario que pude desear, yo no te he cuidado bien... todo es culpa mía.
El sueño terminó y esta mañana descorriendo los visillos he vuelto triste a ver una jaula vacía.
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