Aquel día dibujaste mi corazón, azul.
Anegado por este mar alborotado de tribulaciones
y deseo que soy yo.
Naufragando en su propio egoísmo y su soledad.
Por única escolta , el sutil pincel que lo trazaba
intentaba dar un roce de sosiego a un
mar demasiado trémulo.
Y a un músculo demasiado inquieto,
al que ningún pincel podrá jamás cambiar de color.
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