Sí, la que era como el escondite.
Aparecíamos y desaparecíamos en puzzles de palabras e ilusiones de libros recién abiertos.
Como toda historia que comenzaba, cada uno daba lo mejor que tenía.
Qué curioso ¿Verdad?
Se empiezan todas las historias al revés, enseñando con orgullo ese lado que al otro le fascina.
Cuenta la historia derecha.
Dí que te odiaba, que todo lo mío te molestaba, que no me parecías guapo...
Dí cómo nos gritábamos reproches y dormíamos con las espaldas separadas por un universo incomprensible de defectos.
Recuerda como poco a poco pasé a quererte, mis defectos te parecían adorables y eras para mí el hombre más guapo del mundo.
Cuenta como nos gritábamos gimiendo y pasabas la noche dormido en mi cadera, tan pegados que no habría cuchillo capaz de partir la naranja en dos.
Dime cómo tú no me dejabas y yo no me quedaba miserable vagando en los recuerdos malos que me habías dejado.
Cuenta como cada noche lamías mis cicatrices como un gato lava a otro. Y maullábamos a la luna llena en la playa mientras nos queríamos.
Ya sé que sólo es un cuento. Sería una estúpida si me lo creyera.
Es que es tan increíble, tan insoportable, tan breve...

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.