El diccionario lo define como toque que se hace a algo o a alguien con los labios juntos y separándolos haciendo una pequeña aspiración.
Cualquiera diría que es tan sencillo .
Entender la excitante química que lo provoca , del momento justo antes cuando sabes que va a pasar.
La mirada hacia el suelo vergonzosa de la primera vez y el ansia de rozar las lenguas que te hace torpe.
Cómo se eriza el pelo en cada erótico roce de salivas y choques entre dientes.
No estoy segura de haber probado ni si tengo conocimiento de todos los tipos de besos ...
Inocentes , románticos , lascivos , dolorosos , torpes , sencillos , con desgana , apasionados , asquerosos , obligatorios , protocolarios , los que te dan a traición sin previo aviso ...
Quizá estos últimos en la mayoría de los casos sean los que menos te gustan dependiendo de la persona que los de, supongo.
O que por fugaces, tengas guardado en lo más profundo de tu memoria el sabor de aquellos labios que apenas te rozaron.
Definitivamente no es fácil describir un beso.
Creo que se me da mejor la práctica.
Así que la próxima vez , deja que te lo explique sin hablar .
O mejor aún , inténtalo tú.
Pega suavemente tu boca a la mía hasta que lo sencillo se haga ansia brusca , devórame como si quisieras conservar el sabor de mi saliva y el tacto de mi lengua para siempre.
Bienvenidos a mi rinconcito del desastre....
sábado, 7 de junio de 2014
miércoles, 4 de junio de 2014
La importancia de lo cotidiano.
Sentado al filo de la piedra con forma de media luna , observa como muere el sol un poco más , en el horizonte de la playa donde pasaba su infancia.
Casi es verano, pero la brisa es fresca y deja que su cara se llene de aroma a bajamar inundándole de bienestar y recuerdos.
La playa está casi desierta ; las gaviotas carroñeras llenan los espacios donde antes habían estado las familias con sus hijos. En un espectáculo de graznidos , peleas y batir de alas que le divertía y maravillaba a la vez.
" Nadie se asombra de lo increíblemente grandes que son las gaviotas" - Piensa - " Valoramos tan poco lo cotidiano..."
Empieza entonces a caminar descalzo , cuando casi no queda rastro de sol y las nubes hacen dibujos de colores caprichosos.
Se asoma a la orilla fascinado por la calma del agua. Siente como se le pone la piel de gallina cuando la fría resaca le acaricia los pies y le hunde un poco en la arena.
Entonces cierra los ojos y siente que la besa otra vez.
Habían ido miles de veces al mismo sitio, a la misma hora a ver atardecer , esperando la falta de luz para jugar con sus cuerpos y mirar juntos a las estrellas mientras soñaban en el futuro.
Sentía su boca por el cuello , sus manos en las caderas y el brillar de sus ojos en las noches de luna llena.
Recuerda cómo miraban su reflejo plateado en el mar mientras hablaban de tonterías, o discutían, o reían , o jugaban a ver quién era capaz de gritar ·¡Te quiero!" en aquel fuerte silencio.
"Dulce monotonía " - Se dice -
Desea ahora haber aprovechado más el tiempo que pasaban juntos , haber gritado más "te quieros" , haberla hecho sentir bien o querida más veces. Al fín y al cabo no era una mujer materialista e ilusionarla con detalles o gestos era suficiente para mantenerla feliz.
No había sabido hacerlo, se lamenta de su torpeza y vaga emborrachándose de la memoria en un acto de masoquismo amargo. Echa de menos lo que antes le parecía tan tedioso y está ya muerto.
Vuelve meláncolico a casa, arrastrando los pies en un intento de no dejar atrás esas sensaciones.
Cuando abre la puerta, ella está en la cocina preparando la cena , con la cara larga y resoplando enfadada.
"Ya era hora" - susurró - "Tranquilo que ya me he encargado yo de todo" -
Se acercó a decirle lo que había estado haciendo, pero antes la cogió de la cintura e intentó besarla , aunque todo quedaba en un simulacro frustrado que terminaba con los dos viendo la televisión , cenando en silencio.
Casi es verano, pero la brisa es fresca y deja que su cara se llene de aroma a bajamar inundándole de bienestar y recuerdos.
La playa está casi desierta ; las gaviotas carroñeras llenan los espacios donde antes habían estado las familias con sus hijos. En un espectáculo de graznidos , peleas y batir de alas que le divertía y maravillaba a la vez.
" Nadie se asombra de lo increíblemente grandes que son las gaviotas" - Piensa - " Valoramos tan poco lo cotidiano..."
Empieza entonces a caminar descalzo , cuando casi no queda rastro de sol y las nubes hacen dibujos de colores caprichosos.
Se asoma a la orilla fascinado por la calma del agua. Siente como se le pone la piel de gallina cuando la fría resaca le acaricia los pies y le hunde un poco en la arena.
Entonces cierra los ojos y siente que la besa otra vez.
Habían ido miles de veces al mismo sitio, a la misma hora a ver atardecer , esperando la falta de luz para jugar con sus cuerpos y mirar juntos a las estrellas mientras soñaban en el futuro.
Sentía su boca por el cuello , sus manos en las caderas y el brillar de sus ojos en las noches de luna llena.
Recuerda cómo miraban su reflejo plateado en el mar mientras hablaban de tonterías, o discutían, o reían , o jugaban a ver quién era capaz de gritar ·¡Te quiero!" en aquel fuerte silencio.
"Dulce monotonía " - Se dice -
Desea ahora haber aprovechado más el tiempo que pasaban juntos , haber gritado más "te quieros" , haberla hecho sentir bien o querida más veces. Al fín y al cabo no era una mujer materialista e ilusionarla con detalles o gestos era suficiente para mantenerla feliz.
No había sabido hacerlo, se lamenta de su torpeza y vaga emborrachándose de la memoria en un acto de masoquismo amargo. Echa de menos lo que antes le parecía tan tedioso y está ya muerto.
Vuelve meláncolico a casa, arrastrando los pies en un intento de no dejar atrás esas sensaciones.
Cuando abre la puerta, ella está en la cocina preparando la cena , con la cara larga y resoplando enfadada.
"Ya era hora" - susurró - "Tranquilo que ya me he encargado yo de todo" -
Se acercó a decirle lo que había estado haciendo, pero antes la cogió de la cintura e intentó besarla , aunque todo quedaba en un simulacro frustrado que terminaba con los dos viendo la televisión , cenando en silencio.
lunes, 2 de junio de 2014
Teoría de cuerdas.
-¿ Jugamos ?-
Le puso una correa al cuello y la hizo caminar a cuatro patas a lo largo del pasillo hasta el dormitorio.
A ella le subía el calor como una bola caliente hacia la garganta mientras él le ataba las manos a la espalda con fuerza.
Gemía ya cuando la agarró del pelo y apretó su cuello obligándola a ponerse de rodillas frente a él.
Casi no podía respirar y la saliva corría de su boca hacia el cuello y el pecho.
Le vendó los ojos y la tiró a la cama para urgar como le apetecía con todos los orificios de su cuerpo , de todas las perversas formas que se le ocurría ... castigándola cuando no obedecía o hacía algo que a él no le gustaba , en un pasatiempo de humillación donde ella nunca jamás pensó que caería .
La habitación estaba llena de olores fuertes , aroma a sexo que les hacía apartarse del mundo.
Esa química extraña los tenía enajenados y sorprendidos de lo que eran capaces de hacer.
Manejándola a su antojo para él no había nada más.
El tiempo se paraba mientras la hacía estremecerse , los problemas de su vida se desvanecían en una marea de fluidos corporales y gritos... haciendo de la violencia un placer.
Durante horas jugaron un papel sucio y degenerado , dejándose llevar por aquella fuerza de sus oscuros deseos y uñas clavándose a los muslos , muñecas marcadas por las cuerdas y huellas de azotes , hundiéndose en un abismo de sudor y lubricante .
Cuando la tormenta estalló en un huracán de éxtasis , cayeron lánguidos y sudorosos al suelo.
Se miraron como niños ilusionados . Rieron desnudos recordando los insultos , las órdenes y las plegarias mientras la señal de las cuerdas quedaba como metáfora y recuerdo del placer burdo.
Le puso una correa al cuello y la hizo caminar a cuatro patas a lo largo del pasillo hasta el dormitorio.
A ella le subía el calor como una bola caliente hacia la garganta mientras él le ataba las manos a la espalda con fuerza.
Gemía ya cuando la agarró del pelo y apretó su cuello obligándola a ponerse de rodillas frente a él.
Casi no podía respirar y la saliva corría de su boca hacia el cuello y el pecho.
Le vendó los ojos y la tiró a la cama para urgar como le apetecía con todos los orificios de su cuerpo , de todas las perversas formas que se le ocurría ... castigándola cuando no obedecía o hacía algo que a él no le gustaba , en un pasatiempo de humillación donde ella nunca jamás pensó que caería .
La habitación estaba llena de olores fuertes , aroma a sexo que les hacía apartarse del mundo.
Esa química extraña los tenía enajenados y sorprendidos de lo que eran capaces de hacer.
Manejándola a su antojo para él no había nada más.
El tiempo se paraba mientras la hacía estremecerse , los problemas de su vida se desvanecían en una marea de fluidos corporales y gritos... haciendo de la violencia un placer.
Durante horas jugaron un papel sucio y degenerado , dejándose llevar por aquella fuerza de sus oscuros deseos y uñas clavándose a los muslos , muñecas marcadas por las cuerdas y huellas de azotes , hundiéndose en un abismo de sudor y lubricante .
Cuando la tormenta estalló en un huracán de éxtasis , cayeron lánguidos y sudorosos al suelo.
Se miraron como niños ilusionados . Rieron desnudos recordando los insultos , las órdenes y las plegarias mientras la señal de las cuerdas quedaba como metáfora y recuerdo del placer burdo.
sábado, 31 de mayo de 2014
Pequeña
Si tuviera que definirla en una palabra sería : Desastre.
Un conjunto de desórdenes que se expanden allí donde pasa y piensa.
Lo trágico ; es que sabe que no sólo le arrasa , comiéndole a ella.
Plenamente consciente de los daños colaterales de sus huracanes internos , se paraliza ante las horas que la fustigan con agua en los ojos , rápidas e implacables.
Irremediablemente , el tiempo vuela apenas rozándole .
Entretanto , a ella le gustaría meter una mano por la garganta ; arrancar la pena que se corre dentro como una mancha de tinta y lo inunda todo.
Tristeza que la abraza como una serpiente.
Ahogándola , rodeándola de la oscuridad de su propia sombra magnificada por complejos.
Se sabe pequeña e inútil.
Sólo quiere dormir.
Cierra los ojos , ahora sin brillo , en la esperanza de poder apagarse para siempre. Dejarse inundar por el caos hasta que deje de sentirlo.
Sueña a veces , despierta , en otras vidas incompatibles con su presente. Se anestesia de fantasías que reconoce creer y terminan sumándose al enorme ovillo del desastre.
Termina por intentar aparentar , en un alarde de lo que ella piensa que es amar a los demás.
Mientras carga con una cadena imaginaria al tobillo , de esas que terminan en una gran bola de hierro que apenas te deja avanzar.
Perfecta conocedora de su cobardía , en ocasiones desea que alguien la empuje al fondo del mar y hundirse con esa bola hasta la arena.
Una vez en el silencio ; imagina su cuerpo libre del peso , su melena flotando preciosa en calma de un océano azul , entrando por fin en su garganta , obligando que la sombra negra la abandone y llenar sus pulmones de agua limpia.
Quisiera que algún día tenga la fuerza suficiente para abrir la cadena del tobillo.
No sabe que sólo tiene que imaginar la llave... la ha tenido siempre ahí , escondida.
Es sólo que ahora mismo su ceguera no deja que la vea brillar, ahí , en el fondo de su corazón azul inundado de tinta.
sábado, 24 de mayo de 2014
Juegos de niñas.
- ¡Corre! ¿Has visto aquel montón de escayola enorme en el solar? ¡Vayamos a coger muchos trozos!-
Iban las dos en pantalones cortos , con las rodillas llenas de cardenales y arañazos de correr por los solares llenos de ramas de aquel barrio que las veía avanzar.
La zona estaba en plena construcción, muchas casas a medio hacer y un carril de barro que les manchaba las botas a saltos los días de lluvia eran sus juguetes preferidos, o esos árboles a los que escalaban a coger nidos de gorriones que luego devolvían a sus madres, madurando con pena.
Corrían al descampado con la esperanza de ser rápidas y que nadie les robara aquel tesoro .
Llenaron las camisetas de trozos de escayola y se apresuraron a sentarse al escalón de la cancela del jardín, donde la partieron en trozos, nerviosas, escondiendo en una maceta los pedazos que pudieron.
Se miraron pícaras , cada una con un trozo de tiza en la mano.
La pequeña morena de ojos verdes tenía las dos coletas casi deshechas, las cintas rojas del pelo ya no tenían lazo y caían juguetones sobre sus hombros. La rubia de pelo largo llevaba su preciosa melena suelta y tenía la mirada triste, sólo se sentía niña cuando estaba con ella, porque no sabía lo que era una familia.
-¡Vamos a dibujar una rayuela!-
- Jó, es lo que hacemos siempre ¿Por qué no jugamos a la Bombilla?-
- Vaya rollo, si sólo estamos nosotras dos...-
- ¡Tengo una idea! A ver quién de las dos dibuja el caballo más bonito.
Empezaron con sus fantasías de caballos , flores y princesas por uno de los pocos trozos asfaltados de la calle.
Cuando alzaron la vista hacia adelante, con el cuello cansado y las manos secas ya había caído el sol del verano.
Las mujeres salían con sillas a las puertas de las casas, y sus hijos empezaban a llenar la calle de gritos y patadas de balones.
Admiraban orgullosas su obra... todo el suelo y las paredes de esa casa enfoscada de hormigón llenos de sus dibujos, de todo lo que tenían dentro.
Se llevaron una buena bronca, sobre todo por parte de la abuela de la pequeña coletas, que le reprochaba lo que le diría aquel vecino cuya casa llenaron de garabatos a sus ojos...
Castigadas a permanecer sentadas en el bordillo de la acera , escuchaban las historias de viejas hasta altas horas de la madrugada, mientras intentaban comprender la importancia de lo malo que habían hecho...
- No sé por qué se ha puesto así la abuela.... Total, si cuando llueva van a desaparecer todos los dibujos...-
- Mientras tengamos tiza, los repasaremos hasta que se nos acabe ¿Vale?-
- ¡Vale!-
viernes, 23 de mayo de 2014
Insoportable brevedad.
Cuenta ese cuento que tú sabes, esa historia que empezaba por un juego.
Sí, la que era como el escondite.
Aparecíamos y desaparecíamos en puzzles de palabras e ilusiones de libros recién abiertos.
Como toda historia que comenzaba, cada uno daba lo mejor que tenía.
Qué curioso ¿Verdad?
Se empiezan todas las historias al revés, enseñando con orgullo ese lado que al otro le fascina.
Cuenta la historia derecha.
Dí que te odiaba, que todo lo mío te molestaba, que no me parecías guapo...
Dí cómo nos gritábamos reproches y dormíamos con las espaldas separadas por un universo incomprensible de defectos.
Recuerda como poco a poco pasé a quererte, mis defectos te parecían adorables y eras para mí el hombre más guapo del mundo.
Cuenta como nos gritábamos gimiendo y pasabas la noche dormido en mi cadera, tan pegados que no habría cuchillo capaz de partir la naranja en dos.
Dime cómo tú no me dejabas y yo no me quedaba miserable vagando en los recuerdos malos que me habías dejado.
Cuenta como cada noche lamías mis cicatrices como un gato lava a otro. Y maullábamos a la luna llena en la playa mientras nos queríamos.
Ya sé que sólo es un cuento. Sería una estúpida si me lo creyera.
Es que es tan increíble, tan insoportable, tan breve...
martes, 20 de mayo de 2014
Fuerte
Si , era fuerte.
No tenía esa fuerza física que te da el trabajo duro ni el paso de los años.
Ni se preocupaba por aparentar que lo era como otros hacían presumiendo a su lado.
Había sufrido sin que nadie sospechara lo que era ser rechazado por las personas que quería con todos los poros de su piel y hasta el último impulso eléctrico de sus neuronas.
Quién podía sospechar que aquel muchacho de ojos trasparentes y mirada limpia tendría sobre sus todavía jóvenes huesos esa carga .
Se había buscado la vida durante mucho tiempo viajando solo.
Tímido, se sentaba a comer el bocadillo de chorizo sentado en la escalera, al fondo del almacén de la lonja donde empezaría a embrutecerse cargando y descargando los camiones de cajas de pescado.
Los más viejos lo miraban y bromeaban sobre lo duro que se le haría el trabajo y lo poco que aguantaría allí ese delgaducho pálido, tan poco cuadraba con el perfil de fortachones que lo acompañaban...
Él se limitaba a contestar con muecas simpáticas a los cuchicheos de los viejos marineros del puerto, como si ya supiera que se trataba de un juego entre generaciones.
Parecía tan débil.
Pero alguien que había soportado el aliento de su propio padre en la nuca y la ceguera de la madre que renegó de él, no podía serlo.
No era un niño, nunca lo había sido, sólo su cara y la ausencia de barba quedaban como apéndices de su infancia rota.
Pero nadie lo sabía, no lo necesitaba.
Definitivamente sí, era fuerte.
No tenía esa fuerza física que te da el trabajo duro ni el paso de los años.
Ni se preocupaba por aparentar que lo era como otros hacían presumiendo a su lado.
Había sufrido sin que nadie sospechara lo que era ser rechazado por las personas que quería con todos los poros de su piel y hasta el último impulso eléctrico de sus neuronas.
Quién podía sospechar que aquel muchacho de ojos trasparentes y mirada limpia tendría sobre sus todavía jóvenes huesos esa carga .
Se había buscado la vida durante mucho tiempo viajando solo.
Tímido, se sentaba a comer el bocadillo de chorizo sentado en la escalera, al fondo del almacén de la lonja donde empezaría a embrutecerse cargando y descargando los camiones de cajas de pescado.
Los más viejos lo miraban y bromeaban sobre lo duro que se le haría el trabajo y lo poco que aguantaría allí ese delgaducho pálido, tan poco cuadraba con el perfil de fortachones que lo acompañaban...
Él se limitaba a contestar con muecas simpáticas a los cuchicheos de los viejos marineros del puerto, como si ya supiera que se trataba de un juego entre generaciones.
Parecía tan débil.
Pero alguien que había soportado el aliento de su propio padre en la nuca y la ceguera de la madre que renegó de él, no podía serlo.
No era un niño, nunca lo había sido, sólo su cara y la ausencia de barba quedaban como apéndices de su infancia rota.
Pero nadie lo sabía, no lo necesitaba.
Definitivamente sí, era fuerte.
lunes, 19 de mayo de 2014
Crónica de un encuentro anunciado.
Ella no era romántica.
Él avisaba que no podía dar nada.
Intentaba ocultar sus nervios jugueteando con la servilleta de papel, pero el ansia y el montón de papelitos hechos un nudo lo delataban.
Entonces apareció con la mueca en los labios más bonita que tenía, natural y brillante, buscándolo con luz en los ojos sonrientes.
Apenas podían mirarse sin temblar, qué torpes eran las palabras, los primeros gestos... y es que la impaciencia se los comía , disimulaban aunque ya ni sabían quienes eran ni dónde estaban, ya sólo existían ellos y aquella mesa de la cafetería adornada de papelitos.
Un roce en una mano y miradas sincronizadas fueron señal suficiente para perderse y aparecer en una nube mareante y extasiante de mordiscos, saliva y piel.
Él hundía la cabeza entre sus piernas como si quisiera hacerse con su vida desde dentro. Y ella sentía que se le escapaba el aliento entre gemidos.
Y se perdieron... durante el tiempo que pudieron fueron una tormenta de espaldas y labios. Aprovechando cada pelo erizado, cada suspiro , cada embestida suave y fuerte de sus cuerpos enajenados por el placer.
Cuando la oleada de sexo terminó, se miraban prometiendo cosas que nunca cumplirían, se besaban, se comían... aunque sabían que lo más probable era que todo aquello no se volviera a repetir se empeñaban en decirse palabras bonitas y hacerse gestos de amor.
Él dijo que le daría lo que pidiera, ella contestó que él era su sueño.
Pero ella no era romántica y él no podía dar nada.
Él avisaba que no podía dar nada.
Intentaba ocultar sus nervios jugueteando con la servilleta de papel, pero el ansia y el montón de papelitos hechos un nudo lo delataban.
Entonces apareció con la mueca en los labios más bonita que tenía, natural y brillante, buscándolo con luz en los ojos sonrientes.
Apenas podían mirarse sin temblar, qué torpes eran las palabras, los primeros gestos... y es que la impaciencia se los comía , disimulaban aunque ya ni sabían quienes eran ni dónde estaban, ya sólo existían ellos y aquella mesa de la cafetería adornada de papelitos.
Un roce en una mano y miradas sincronizadas fueron señal suficiente para perderse y aparecer en una nube mareante y extasiante de mordiscos, saliva y piel.
Él hundía la cabeza entre sus piernas como si quisiera hacerse con su vida desde dentro. Y ella sentía que se le escapaba el aliento entre gemidos.
Y se perdieron... durante el tiempo que pudieron fueron una tormenta de espaldas y labios. Aprovechando cada pelo erizado, cada suspiro , cada embestida suave y fuerte de sus cuerpos enajenados por el placer.
Cuando la oleada de sexo terminó, se miraban prometiendo cosas que nunca cumplirían, se besaban, se comían... aunque sabían que lo más probable era que todo aquello no se volviera a repetir se empeñaban en decirse palabras bonitas y hacerse gestos de amor.
Él dijo que le daría lo que pidiera, ella contestó que él era su sueño.
Pero ella no era romántica y él no podía dar nada.
sábado, 17 de mayo de 2014
Hay días
Hay días que están hechos para derribarme.
Listos para tirar con saña hacia la cara los fallos,
alzando los complejos sobre un pedestal,
para que no se me olvide ni por un segundo el dolor.
alzando los complejos sobre un pedestal,
para que no se me olvide ni por un segundo el dolor.
Señalándome, inquisitivos, la impotencia de los problemas sin afrontar.
Escupiéndome la cobardía.
Escupiéndome la cobardía.
Hay días que nacen para recordarme mi realidad;
de una forma tan violenta que me hacen sentir minúscula...
de una forma tan violenta que me hacen sentir minúscula...
Me dan un bofetón tan fuerte que lo único que puedo hacer es dejarme caer ,
languidecer en forma de ovillo sobre la almohada y esperar que den paso al próximo día.
Implorando que sea más piadoso conmigo;
pequeña muñeca de trapo.
languidecer en forma de ovillo sobre la almohada y esperar que den paso al próximo día.
Implorando que sea más piadoso conmigo;
pequeña muñeca de trapo.
Hay días que sólo están hechos para llorar.
jueves, 8 de mayo de 2014
Así te quiero
Amable, tierno, furioso, suave, enfadado, rabioso, encadenado, cruel, libre...
Libidinoso, valiente, roto, bruto, despiadado, recompuesto, rápido...
Sensible, soñador, iracundo, desgarrador, apasionado...azul.
Así te quiero; corazón.
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